Tienda    Quiénes somos    Consultas técnicas    Contáctanos    Preguntas frecuentes
Buscar en la web: » buscar
Bosques y cambio climático
Introducción

(Fuente: Gustavo Suárez de Freitas. «El sector forestal en el Perú. Situación actual». En: Tecnología y Sociedad. Lima: Soluciones Prácticas. Año 16, n° 9. 2009. pp. 17-28)

El principal objetivo nacional en materia forestal debería ser el mantenimiento a perpetuidad (conservación en el sentido de la Estrategia mundial para la conservación) de su patrimonio forestal. Esto incluye aprovecharlo sosteniblemente, mejorarlo y ampliarlo. Los bosques son recursos renovables, mejorables e incluso creables (como las plantaciones en sitios no forestados previamente). La visión que se adopte debe considerar los servicios de los ecosistemas forestales fluyendo normalmente hacia la sociedad. Estos ecosistemas deben encontrarse sanos, si el término es permitido, albergando la megadiversidad de especies, y reproduciéndose normalmente. Esta visión se refleja en la Estrategia de desarrollo forestal, que señala: «Como resultado de una conciencia y cultura forestal, el Perú mantiene y maneja sus bosques, incrementa sus plantaciones forestales y conserva ecosistemas que generan riqueza y bienestar con equidad, de manera permanente y en armonía con el ambiente».

Estas consideraciones deberán ser tomadas en cuenta en cualquier propuesta de desarrollo o de gestión de recursos naturales, de lo contrario, las posibilidades de iniciar procesos de desertificación son muy altas.

¿Cómo vamos respecto a esto? No tenemos una respuesta precisa, de los pocos datos, podemos decir con cierta confianza que no muy bien, el panorama no está como para entusiasmarnos. Si bien los últimos cálculos oficiales sobre deforestación (pérdida absoluta de cobertura de bosques naturales, dentro de los que se consideran: bosques de crecimiento antiguo o bosques primarios de muy alta diversidad biológica) publicados el año 2001, indican un total de 7.1 millones de ha deforestadas en la amazonía y una tasa anual de 150 000 ha/año, frente a los anteriores estimados de 9 millones de ha y más de 250 000 ha/año. Menos del 50 % del total de hectáreas deforestadas tiene alguno de los usos (comúnmente agropecuarios) en cuyo nombre ocurrió la deforestación y la tenencia de tierras, bajo la promoción del Estado, que otorga títulos de propiedad a través de las mal consideradas mejoras como el rozo y la quema. A pesar de la falta de estadísticas concretas sobre estas prácticas, no pueden haber disminuido, ya que la migración a regiones como Amazonas y San Martín, con la construcción de las nuevas carreteras como parte de la iniciativa para la integración de la infraestructura regional (IIRSA), ha aumentado. Las poblaciones de las comunidades nativas también crecen y sus prácticas productivas en varios lugares son cada vez más distantes a sus usos tradicionales. Existen reportes sobre una menor disponibilidad de fauna silvestre y de peces para la alimentación de las poblaciones nativas y ribereñas, lo que indicaría una degradación o deterioro de la estructura y funcionalidad de los ecosistemas concernidos. Es cierto que existen entre 2.5 y 3 millones de ha de bosques secundarios con potencial productivo y que se han iniciado esfuerzos privados, aún a pequeña escala, de reforestación, así como de instalación de sistemas agroforestales en cultivos de alto valor, como el café, pero estos no constituyen la norma, son excepciones. Cambios en la disponibilidad de agua (adecuada en calidad, cantidad y oportunidad) afectan valles de la selva alta, en particular en el norte del país, generando problemas de erosión, deslizamientos, colmatación o alteración de cauces. La extracción forestal maderera no es causante de la deforestación, al menos no de manera directa e inmediata, aunque sí ha contribuido al abrir nuevas áreas de bosques a la ocupación de colonos mediante carreteras forestales, como ocurrió en la selva central. La oportunidad de extracción forestal en bosques aún no tocados o descremados de maderas finas es un argumento fuerte al evaluar los beneficios de proyectos de nuevas carreteras, aunque su consecuencia no es bosques bajo manejo forestal sostenible sino nuevas colonizaciones y cambios en el uso de la tierra: menos bosques. Es el cambio de uso de tierra, de fines forestales a agropecuarios o minería, proceso cada vez más agresivo en regiones como Madre de Dios, principalmente, la causa de la deforestación. Con la minería el resultado es trágico: el suelo queda inutilizable por la contaminación. Sí puede decirse, en cambio, que la extracción de madera, principal actividad económica del sector, casi imperceptible en estos ecosistemas, contribuye a la reducción de biodiversidad, al retirar individuos de ciertas especies y afectar otras de manera indirecta en las operaciones de acceso al bosque, apeo, extracción, y directamente mediante la caza y pesca como actividades de sostenimiento para los trabajadores.

En la medida en que esta actividad ocurra legalmente y los planes de manejo correspondientes recojan las necesarias medidas silviculturales y enmiendas técnicas, sus impactos caen dentro de lo tolerable. Sin embargo, dada la existencia de actividades ilegales y la subsistencia de autorizaciones de extracción en predios privados y otras modalidades cuya sostenibilidad dista de estar probada, hoy en día no puede dejar de considerarse la extracción de madera como un factor negativo. Otro factor que tomamos en cuenta para esta valoración es el cambio de una extracción centrada en pocas especies de madera más o menos finas hacia un mayor número de especies, en particular especies de maderas duras, que incluyen árboles de lento crecimiento y de alto valor ecológico, parte del hábitat de diversas especies, incrementando los impactos de la actividad. Para este nuevo tipo de extracción no existen medidas específicas de mitigación o reposición en los planes de manejo. El marco normativo forestal debe promover el desarrollo tecnológico para estos y otros casos, considerando las características de sector productivo. Notamos, a pesar de la solidez de nuestras conclusiones, que es necesario la generación de más y mejor calidad de información sobre el estado de los bosques, las migraciones, las características de las poblaciones involucradas en su manejo, de las actividades extractivas, las especies preferidas, etc. Todos estos datos permitirán lograr un análisis y propuestas de soluciones más acordes a cada faceta de la realidad forestal nacional, sustentando nuestras decisiones en criterios técnicos y de mercado.


© Copyright 2009. Todos los derechos reservados.
Hecho por: enjoit.com